El viernes por la tarde, después de confrontar a Sofía en su casa, volví a la mía encontrando docenas de mensajes nuevos sobre la publicación que seguía circulando.
La foto de Sofía y León había alcanzado trescientas mil compartidas, comentarios superaban los veinte mil, el escándalo crecía en lugar de disminuir.
Me senté en sala procesando todo cuando mi teléfono sonó.
Era León.
—¿Dónde estás?
—En casa, acabo de volver.
—¿De dónde?
—De casa de Sofía.
—¿Qué? ¿Fuiste a verla?
—Sí, necesitaba con