Miércoles por la tarde, mitad de segunda semana de entrevistas, estaba en oficina de la fundación revisando notas cuando Valentina asomó la cabeza.
—Abril, Inés Valverde está aquí, dice que necesita hablar contigo.
—¿Inés? ¿Hizo cita?
—No, pero dice que es importante.
—Hazla pasar.
Inés entró luciendo tensa, algo raro en ella que usualmente proyectaba confianza casual.
—Hola, ¿está todo bien?
—Necesito hablar contigo sobre mi papá.
—¿Pasó algo?
—Sí, pasó que ustedes dos están siendo idiotas.
Me