La fábrica de armas de la Yakuza, en Tokio, estaba bien oculta; camuflajeada bajo la inocente fachada de una fábrica de alimentos enlatados.
El Don vigilaba el lugar con sus binoculares, desde el edificio que quedaba justamente en frente. Observando el constante entrar y salir de cabecillas y de obreros.
—Están intentando replicar mi granada, Alex.- masculló Eván molesto, mientras tecleaba furiosamente en su laptop, habiéndose metido en el sistema de la fábrica y observando los archivos de los