Sofía:
En el salón de belleza me miraron con cara de pena, es cierto que debí parecer un perico desplumado, pero en cuanto Igor le dijo al estilista quien era yo, (o mejor dicho, con quién estaba casada) el semblante del sujeto cambió con rapidez pasmosa.
—No se preocupe, moya Ledi( mi Señora). Déjelo todo en manos de Danilo y le aseguro que quedará preciosa.- me aseguró, en un acento italiano frigidísimo.
Después de preguntarme qué quería, él procedió a enjuagarme el cabello y a hacerme un tin