Sofía:
Licia y Milia jugaban en la piscina a lanzarse agua una a la otra, mientras tanto, yo me quedaba sentada afuera sobre una tumbona y contemplando el movimiento del agua.
El agua cristalina se arremolinaba en la orilla, formando olas que iban y venían.
Petra venía cada media hora, trayéndonos pequeñas meriendas y bebidas, protestando que nos quemaríamos con el sol.
Me sentía triste.
Mi vida aquí en la mansión no tenía nada que ver con lo que había soportado en la Ciudadela. Sin embargo, ah