La habitación en el hotel Ibis Moscow Dynamite era un ultraje, aunque por el mísero precio de 47 euros la noche no se podía esperar mucho.
Milia había escogido un hotelito de mala muerte para ocultarse, en vez de ir a pasar su perreta a un sitio más cómodo, por ejemplo, uno de los hoteles pertenecientes a la mafya, en el que sería tratada como una reina.
Entró, prendiendo la luz y de inmediato lanzó el mini puñal, en dirección a la sombra que esperaba sentada en la butaca.
—Buenas noches, herma