Sofía:
No podía respirar.
¡El Don se había desplomado sobre mí y pesaba un montón!
—Al…¡Alexis!- chillé. Acarició mi pezón con la punta de su nariz y soltó una carcajada.
—Así que…quieres ser mi Judy.
De primer momento no comprendí a lo que se refería, pero cuando mi mente reaccionó lo miré completamente muda de perplejidad.
—¿Leíste el libro?- pregunté esperanzada.
Él gruñó, saliendo de dentro de mí y componiéndose las ropas. Por mi parte, me abotoné la blusa, amarrándola por delante y devolví