La despertó un enorme estruendo. Pasos subían y bajaban las escaleras a gran velocidad. Se escuchaban gritos por toda la mansión, sobre todo los de Milia, la rusa sonaba histérica.
—Ya tranquilízate.
—Le han disparado a mi hermano, ¿cómo quieres que me tranquilice?
Eso la hizo reaccionar.
Se cambió rápidamente de ropas, optando por unos jeans y un jersey y salió al pasillo. La habitación del Don quedaba a tres puertas de la suya, y frente a ella estaban reunidos todos lo Ivanov.
—¿Como suce