—¿Me dejarás ir?- preguntó ella esperanzada. Tomando el edredón de la cama para cubrirse.
Había notado que sólo ella estaba desnuda, él no se había quitado ni una mínima prenda de ropa
—¿Lo juras? Si me convierto en tu puta, ¿me dejarás ir?- insistió.
Él gruñó, bajándose de la cama.
—Creo que al collar voy a agregarle una mordaza. Tu incesante parloteo me produce jaquecas.- protestó él.
Ignorándola el se alejó encaminándose al baño.
—¡Alexis!- reclamó ella.- lo prometiste, cuando nos casam