Amanda despertó con el sonido de su teléfono vibrando sin parar sobre la mesita de noche.
Por un instante, pensó que aún estaba soñando—que seguía en el muelle, con la voz de Jason resonando en sus oídos, con la sombra de Luca atravesando la oscuridad. Pero cuando abrió los ojos, el techo del ático se enfocó: blanco, elegante, desconocido e inmenso.
El teléfono volvió a vibrar.
Y otra vez.
Lo tomó con torpeza, entrecerrando los ojos para mirar la pantalla.
Llamadas perdidas.
Mensajes.
Notificac