Capítulo veintiocho. ¡No voy a dejarte!
¡No voy a dejarte!
Loretta gruñó como si fuese un animal rabioso, miró a Pilar con ojos de burla.
—Tú no eres nadie, él jamás va a amarte —la mujer sonrió con crueldad.
Pilar no fue capaz de sentir lástima por Loretta, no después de saber que era ella quien propicio su secuestro.
—Nunca tendrás la certeza si lo hizo o no —aseguró Pilar con enojo.
—No lo mereces, Domenico es mucho hombre para una idiota como tú, fue tan fácil sacarte de en medio, una lástima que quién te llevó no tenía interés e