Capítulo cincuenta y dos. ¡Sorpresa!
Tres meses después.
El avión aterrizó en suelo siciliano el sábado por la mañana, fue custodiado por una veintena de hombres fuertemente armados, mientras escoltaban a la mujer a uno de los vehículos blindados de la organización.
—El águila está en el nido, señor —habló uno de los custodios, mientras las camionetas se ponían en marcha con rumbo a la mansión Conte.
—¿Todo bien? —preguntó Vittorio detrás de su jefe.
—De maravilla, está de camino a casa —aseguró.
Vittorio asintió.
—Ivana y yo toma