Capítulo cuarenta y nueve. Peligrosa amistad
Peligrosa amistad
El placer corrió por la columna vertebral de Domenico, mientras los dedos de Pilar se deslizaron por encima de su piel, como si fuera una pluma. El cosquilleo le hizo estremecer, cuando esas manos rodearon su cintura y se metieron bajo las sábanas e hicieron contacto con la polla semi erecta del hombre.
—Buenos días —susurró Pilar al oído de Domenico, mientras su lengua jugó con el sensible lóbulo de su oreja.
—Pilar…
—Me encanta cuando pronuncias mi nombre de esa manera, me h