Capítulo treinta y tres. Déjame amarte
Déjame amarte
Domenico Conte habría la vida entera por poder disfrutar de la confesión de amor de Pilar, pero en su mundo un segundo podía hacer la diferencia, más cuando el enemigo estaba en casa. Ennio Di Monti había firmado su sentencia, ese hombre ya estaba muerto, solo que no se había enterado. Pero él no tenía ningún interés en hacérselo saber, por ahora.
—Domenico —llamó Pilar desde la puerta del baño, el cierre de su vestido se había atorado y no tuvo más opción que pedirle ayuda a su