Natalia Bernal.
Finalmente, le pedí a uno de los choferes de la mansión que nos llevara a la concesionaria de coches y trajo mi bello carro rojo hasta la puerta de la mansión de los Fontana. La sensación de tenerlo frente a mí, reluciendo bajo el sol de la tarde, era gratificante.
Llegué a la mansión con Paula y sus maletas. Había tomado una decisión importante: ella viviría conmigo. Era hora de tener a mi hermana cerca, especialmente ahora que mi madre necesitaba cuidados especiales. Si A