Ha pasado una de las semanas más duras de mi vida. He tenido que encargarme completamente de Paula, quien casi no quiere comer ni asistir a clases. Álvaro y Adrián me han ayudado mucho; ella los escucha mucho más que a mí. Me consuela saber que al menos ellos logran sacarle una sonrisa, aunque sea por unos momentos.
Ahora, mientras me dedico a acomodar en una caja las pertenencias de mi mamá, siento cómo las lágrimas resbalan sobre mis mejillas. Cada objeto que toco está cargado de recuerdos: