Estoy sentada en una esquina acogedora de una cafetería, el suave murmullo de las conversaciones y el aroma a café fresco llenan el ambiente. Frente a mí, Omar me observa con una mezcla de seriedad y nerviosismo. Me había invitado aquí porque tenía algo muy importante que decirme, y ahora, mientras juega con su taza, siento la anticipación crecer.
—Nat, gracias por venir —comienza, sus ojos encontrándose con los míos.
—Por supuesto, Omar. ¿De qué querías hablarme? —le pregunto, tratando de