Mientras nos acercábamos al padre de Clara, sentí un nudo en el estómago. Sabía que esta reunión sería difícil, especialmente dada nuestra historia de relación hostil. Sin embargo, también sabía que él no me reconocería, lo que ofrecía un pequeño alivio en medio de la tensión.
Emir estaba parado frente a nosotros, su mirada seria y distante. Respiré hondo, tratando de mantener la compostura mientras nos acercábamos.
—Hola, soy Clara —dije con voz firme, luchando por ocultar mis nervios.
É