Herido.
Mientras los tres tipos seguían al volante a toda velocidad, me sentía atrapada en el asiento trasero del carro, con la preocupación y el miedo aumentando en mi interior. Deseaba fervientemente que Adrián hubiera respondido mi llamada y estuviera en camino para ayudarnos. Sus palabras reconfortantes y su presencia segura habrían sido un alivio en ese momento de incertidumbre.
Mis manos estaban aferradas a las de Paula, quien parecía estar al borde del pánico. Traté de transmitirle tranquilida