No he dejado de pensar en Adrián, en sus manos y sus labios sobre mi cuerpo. A pesar de todo, la memoria de su tacto me sigue provocando escalofríos y, sin querer, una sonrisa se dibuja en mis labios. Intento concentrarme mientras estoy con Paula, visitando a nuestra madre. Finalmente, ella aceptó venir a verla después de tanto tiempo.
—¿Por qué sonríes así? —pregunta Paula, levantando una ceja, claramente intrigada.
—Nada, solo estoy contenta de que hayamos logrado traer a mamá aquí —respo