—Vamos allí a sentarnos para charlar tranquilamente.
La vieja señora York señaló hacia la glorieta cercana.
Isabela aceptó y acompañó a la anciana a caminar hasta allí.
Una vez sentadas, la anciana tomó la mano de Isabela con cariño y dijo, —Isa, casarte con Callum debe suponer una presión enorme. Hagas lo que hagas, hay innumerables ojos observándote.
—Pocos te elogiarán cuando lo hagas bien, pero muchos te criticarán cuando cometas un error.
—Si no puedes proteger la privacidad de manera efect