Todos giraron la cabeza al unísono y miraron a Vicente.
Vicente entrecerró los ojos y sonrió: —De todas formas, Quiana no tiene novio, si vences a Ismael, te juro que voy a emparejaros.
Para este chico, Quiana y Alejandro eran una pareja hecha por Dios, los dos eran igual de guapos.
Era la primera vez que veía a un hombre tan guapo.
Más guapo que las estrellas favoritas de sus compañeros y con un auro de nobleza.
En resumen, a Alejandro le parecía estupendo.
Con tal de que le ganara a Ismael y p