Al hombre que se había atrevido a golpear a Isabela, cuando lo encontrara, le iba a dar un fuerte golpe en el cuello.
Isabela alargó la mano para agarrar a Callum, y éste extendió la mano hacia ella.
Agarrándolo de la mano, Isabela lo acercó, respirando su aroma. Sus nervios tensos se relajaron al percibir el aroma familiar, y entonces aflojó el agarre de su mano.
—Isabela, ¿qué pasa?
Preguntó Callum confundido.
Isabela respondió: —Vamos al coche. ¿Cuánto nos queda para llegar a casa? Hablaremos