Isabela no podía ver, así que identificaba a una persona por el olor, la voz y los pasos.
Pero estos rasgos eran muy fácilmente imitables. Si se descuidaba un poco, caía en la trampa.
Esta vez, casi cayó en la trampa. En cuanto entró en el coche, olió el tabaco que había en el interior y se dio cuenta de que el hombre que acabó de hablar con ella no era Callum. Callum apenas fumaba y en su coche nunca habría olor a tabaco.
—Sí, fingió ser tú. Su voz, sus pasos e incluso el olor se parecían mucho