Callum acompañó a Isabela fuera del hotel y luego, muy caballerosamente, se ofreció a llevarla de vuelta a la floristería.
—Gracias, señor Callum, pero no hace falta. Está bien que usted me pare un autobús que pase por mi floristería.
Callum estuvo de acuerdo pensando que ella saldría mucho en el futuro y siempre habría un momento en el que ella tendría que viajar en autobús.—De acuerdo, te llevaré fuera a la parada del autobús.
—Gracias.
Isabela volvió a dar las gracias.
Probablemente era la qu