—¡Piiii!, ¡piiii!
Oyó el pito de coche e Isabela se puso en pie atropelladamente, sin saber qué dirección tomar por un momento.
Probablemente era casi la hora de terminar la escuela y los pitos de los coches sonaban sin parar.
Isabela se dirigió al azar hacia la derecha.
Pero el pito sonó de nuevo.
¿Se había equivocado de camino?
Dudó un poco y se dio la vuelta para regresar.
Callum no tuvo más remedio que salir del coche. Se acercó a ella a grandes zancadas, alargó la mano y agarró a Isabela po