Santiago se lamió los labios, con la garganta un poco seca.
Era bueno en disimular sus emociones, la gente no sabía que estaba alegre o enfadado.
Pero no era bueno mintiendo.
Su educación desde pequeño tampoco le permitió mentir.
Pero por el momento estaba pensando, o sea inventando la primera, y quizá la mayor mentira de su vida.
—Santiago—La desconfianza llenaron los ojos de Berta— . Una comida en ese hotel podría ser el sueldo de un año para otra persona, así que...
—Hice algo, pero no era il