El director la miró—. Perdone, ¿es usted la señorita García?
Alita tragó saliva:— Yo no...
—Así es—El encargado se rió —. Sólo reparto la comida a la señorita García. ¡No hay error!
—Pero ella...
Alita quiso decir algo más, pero la encargada no le dio ninguna oportunidad, se incorporó bruscamente y se puso derecha, dirigiendo a la gente que iba detrás de ella en un ordenado y sonoro grito:
—¡Por favor, señorita García, que se aproveche!
...
Berta estuvo inquieta cuando disfrutaba la comida.
Una