Santiago se quedó de piedra.
—Tengo clase a las 8.30 y ya son las 8.20 —Berta estaba inquieta—. Los deberes son para la tercera clase y yo...
Santiago no dijo nada, sólo se marchó.
Dejando a Berta sola y estúpida.
Se quedó allí un rato, pensando que esa persona era realmente difícil de conocer... Cuando entró en el aula faltaba cinco minutos, dio un mordisco a su bola de arroz, obviamente endulzada con azúcar, pero ya no sabía dulce en absoluto.
Ni siquiera no podía prestar atención a las clases