Berta se quedó un poco incómoda.
—Mamá, hoy en la tienda gracias a Santiago... Estuvo ocupado todo el día y no comió nada, así que...
—¡Ya verás, te ayudo!
—¿Qué?
Antes de que pudiera decir nada, oyó que Mónica abrió la puerta de la cocina y dijo sin rodeos: —¡Chico! ¡Retira el plato!
Santiago se quedó helado e inconscientemente miró a Berta.
Y Berta volvió la cara, llorando y riendo.
—¡Entra! —Mónica agitó la mano.
El chico tuvo que entrar rígido en la cocina con el plato y la cuchara en la man