—Su tío es demasiado tacaño para engañarnos con un helado.
Santiago oyó la palabra —helado— y miró a su padre con ojos grandes, su cara se ensució.
Pensó que su padre también quería uno y sonrió, entregándole el helado.
Polo se sorprendió un poco, luego su corazón se llenó de gran emoción... ¿Quién dijo que el hijo era una chaqueta de cuero agujereada? ¡Qué amor tenía este hijo! ¡Mejor que una chica!
Incluso las palabras de Lucía llevaban celo: — Ay, parece que Papá sigue siendo más importante p