A Polo se le pusieron los ojos en blanco e intentó volver a levantar a Santiago por sus piernecitas regordetas y tirarlo a un lado.
Pero Lucía fue rápida de reflejos y cogió a su hijo en brazos antes de que pudiera hacer nada.
Polo suspiró, entre los dos había un tercero...
—Venga, ¿te enfadas con tu hijo? —Lucía rodeó al pequeño con el brazo y le sonrió—. ¿Terminas las traducciones para Manolo?
—Bueno, ya está hecho.
—Entonces nosotros...
Polo le enganchó suavemente los labios: —¡Podemos volver