Los ojos de Lucía se abrieron de par en par y casi se echó a reír mientras se apresuraba a llevar a su hijo hacia ella.
Polo se incorporó, con el pelo revuelto, el rostro conmocionado y la luz apagada en los ojos.
Sólo Santiago lo encontró divertido, aplaudiendo y riendo.
Polo respiró hondo varias veces y se dice desesperadamente: ¡es mi hijo, es mi propio hijo, es mi hijo biológico!
—Cariño, tú... ¿Estás bien?
Polo esbozó una sonrisa y dejó escapar una sola palabra: —Nada.
—Que... —Lucía quería