—¡Henry!
La reina le miró horrorizada y le agarró la mano.
Levantó los ojos y miró a su alrededor, no había muchos guardias en la sala principal, y los dos asistentes eran confiables.
Hizo retirar la gente y, en ese momento, ella y Henry eran los únicos que quedaban en la sala.
Clara respiró hondo, le miró y susurró: —¡Sé que sientes culpable hacia Luna, pero ya es así, no tenemos otro remedio! Estos años la dejamos recuperarse en el palacio occidental y usamos las mejores medicinas, ¡hemos hech