—Señora ... ¿Qué tipo de fruta quiere?
—¿Fruta? — Lucía se congeló—. ¡No quiero!
—¿Y para qué el Señor corría al almacén? Ese trastero está básicamente lleno de fruta!
Lucía estaba aún más confusa, pero poco después salió Polo con dos grandes durians y los puso delante de ella.
—Tú ... ¿qué quieres hacer? —Lucía dio unos pasos atrás.
La expresión de Polo no cambió mientras escupía suavemente dos palabras: —Me arrodillaré.
—Tú ...
—Cariño, hace tiempo que establecimos las reglas de la casa, ¿no?—