—¡Imposible!
Daniel dijo esa palabra con firmeza.
Miró fríamente a Hera, y parecía que su mirada contenía espadas.
Hera sonrió, que era exactamente el efecto que quería.
Cuanto más se enfadaba Daniel, más demostraba que no confía en Soledad.
Con eso, podía menterse en su relación...
—¡Daniel, el tío nos ha enseñado desde pequeños que no conocer a una persona desde su apariencia!—Hera dijo suavemente—. No tienes mucho contacto con Soledad, y la conociste en Inglaterra, ¿cómo puedes sacar conclusi