Soledad miró la masa brillante en sus manos, demasiado feliz para las palabras. Sus grandes ojos parpadearon hacia Daniel, y en ellos había una felicidad que nunca había encontrado en los primeros dieciOlivia años de su vida.
—Es realmente como... — Su voz se entrecortaba un poco por la excitación—. ¡Es realmente como quitar las estrellas del cielo!
Las comisuras de los labios de Daniel se levantaron involuntariamente.
Verla feliz le hacía más feliz a él que a ella.
No sabía por qué demonios la