—¡Uncle!
La dulce voz salió del bosque.
Además de la dulce voz y la dulce sonrisa que le llegaron a Daniel al mismo tiempo, también estaba la que tenía en la mano...
¡Rana!
Daniel se quedó realmente sorprendido cuando Soledad le entregó la rana.
Siempre había odiado a esas criaturas de sangre fría con sus cuerpos húmedos y pegajosos, y la rana, con sus grandes ojos negros fijos en él, hizo un sonido crujiente: —Croak...
Daniel sintió que toda la sangre se le subió a la cabeza.
Inmediatamente des