Capítulo 782
Ahora Soledad estaba perpleja.

—¿Qué...?

Su corazón latía como un tambor.

No se atrevía a mirarle a los ojos, pero el espacio era tan pequeño, y y la punta de su nariz estaba tan cerca de chocar con la suya... No podría evitarlo.

El cálido aliento del hombre recorrió la punta de su nariz, convirtiéndose poco a poco en un fuego que quemaba su cordura.

Soledad respiró hondo e hizo todo lo posible por mantenerse despierta.

¿Qué podía pensar? Ella no era digna de él, porque ni siquiera tenía identid
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