La voz de Polo era baja pero profunda, y dijo: —No hay problema.
Para entonces, las personas que había dispuesto ya habían seguido el coche de Sonia y enviado una localización de la ruta.
El coche se dirigía en cierta dirección a las afueras de la ciudad, exactamente la misma dirección que la última vez que habían seguido a Patricia.
Sonia sí fue a buscar a Hugo.
Polo enganchó sus labios, más y más evidencias como un globo que se expandía gradualmente, a la espera de explotar con un estallido en