Polo estaba helado, no pudo decir nada.
¿Qué era lo más terrible del mundo?
No fue que le apuñalaran por la espalda y tuviera un accidente de avión, no fue crecer viviendo en alerta constante por si alguien le tendiera una trampa.
Más bien, fue tener una esposa lista a su alrededor...
Cada vez que se le ocurría una pregunta, le hacía sudar frío.
—¡Vamos!— La carita de Lucía estaba cerca de la suya, sus grandes ojos parpadeaban, y tenía si acaso una sonrisa en la cara. —¿Lo pensaste así o no?—.
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