Polo le dijera que viniera a quedarse en su casa, fingió ser cortés, pero al minuto siguiente entraba en la villa de Polo con su equipaje.
Los dos hombres se sentaron en la alfombra y bebieron a sorbos, mientras Lucía se reclinaba en el sofá y escuchaba música fetal.
La máquina tocó la Sinfonía de Chaikovski, una pieza grandiosa y atmosférica, elegante y conmovedora.
Daniel, sin embargo, frunció el ceño cuando sus pensamientos se desviaron inconscientemente hacia aquella plaza.
Los gitanos no te