De pronto, la atmósfera se tornó ardiente y el aire circundante se calentó.
Bajo las luces de colores brillantes, el rostro encantador de la Reina irradiaba un resplandor peculiar.
El sudor perlaba la frente de Juan, cada vez que Catalina se acercaba un poco más, él daba un paso atrás, alejándose hasta casi inclinarse por completo, como si no hubiera otra opción posible para evitarla.
"Espera... Señorita Catalina." murmuró Juan con una sonrisa amarga, "¿podrías tranquilizarte un poco? Calma..."