Ánsar Ramírez observó en silencio la figura de madre e hija mientras su visión se volvía borrosa.
Distraído, dejó caer la jaula al suelo y el pequeño gato siamés emitió algunos llamados de auxilio antes de comenzar a arañar la puerta de la jaula.
En ese momento, un brazo fuerte lo sujetó.
Ánsar Ramírez se sorprendió al girar la cabeza y encontrarse con la mirada compleja de Polo Juárez.
—Tú...
—Presidente Ramírez.— Dijo Polo mientras recogía la jaula, —¿No vas a entrar?
Ánsar aún tenía los ojos