—¡Tú...— Lucía García estaba enfadada y al mismo tiempo divertida.
—Sobre todo, alguien dijo que iba a cuidarme toda la vida—, dijo él con total descaro.
Lucía le dio un golpe, ¡cómo podía ser tan cara dura!
Pero pensándolo bien, si él tuviera vergüenza, no sería Polo Juárez.
El hombre sonrió y la hizo cosquillas suavemente, haciéndola reír a carcajadas. Ambos jugaban y reían en el columpio, el sonido de sus risas resonaba en el pequeño patio cubierto de hojas de álamo. Incluso el gato gordo, Na