Serena se quedó inmóvil, moviendo los labios, incapaz de pronunciar una sola palabra.
Lucía sonrió y salió elegantemente del salón.
Al principio no quería luchar por nada, pero si alguien tenía que luchar con ella, no le importaba librar la batalla hasta el final.
Ya que acababa de presumir que era la señora de la familia Juárez, tenía que demostrar la actitud apropiada.
Entró en el salón y se colocó junto a Polo, cogiéndole suavemente del brazo, con calma y sin prisas.
—Bueno, te queda perfecto