La atmósfera de repente se calmó, Lucía bajó ligeramente los ojos y sus dos pequeñas manos se juntaron, sin decir una palabra.
Sonny y Ana se miraron, sonrieron suavemente y se fueron con mucha sensatez.
Ahora los dos necesitaban un poco de espacio separado.
—Omar, llévanos a otro lugar.—Sonny ordenó.
Omar entendió de inmediato y salió apresuradamente a encender el auto.
Solo Samuel se paró en su lugar y los miró como un hombre aturdido.
—Polo, Lucía.—Él se rio, —Ustedes dos no necesitan traer n