Joana estaba inmóvil y su cerebro estaba en blanco.
Frente a Sonny, ella estaba tan tímida que asintió sin comprender, completamente inconsciente de lo que dijo, —Sí... soy... García.
—Vaya, ¿señorita García?—Sonny se burló, —¡Eres qué poderosa que seduces a mi hijo y a Diego a la vez!
—¿Qué?— Diego arqueó las cejas y se rio secamente, —Tía, ¿estás equivocada? Esta puta me ha estado siguiendo, ¡ni lo pienses tu hijo!
—¡Cállate!
¡Sonny estaba tan enojada que tomó su palo de golf y lo estrelló con