El propietario le llamó por teléfono y le preguntó a Lucía si quería seguir alquilando la cabaña.
El corazón de Lucía se apretó porque había muchos recuerdos que le pertenecían a ella y a Polo. Aunque estaba enojada con él, era reacia a perder estos recuerdos.
—Sra. Montes, ¡dígame!—El propietario gritó en voz alta: —¡Si no continúa alquilando, se lo alquilaré a otra persona! ¡Ahora mi casa está en demanda!
—¡No puede dárselo a otros!—Lucía soltó: —En aquel momento, nuestro contrato estaba clara