Un estruendo resonó en el pecho de Lucía como si algo se hubiera roto en su interior.
Polo extendió la mano, pero se detuvo en el aire y, finalmente, la retiró lentamente.
—Te he engañado —dijo en voz baja—, Y te he traído desgracias.
Lucía cerró los ojos con fuerza mientras las lágrimas caían como lluvia.
Ahora finalmente entendía por qué él tenía esa aura que trascendía lo común, por qué siempre podía resolver los problemas que ella enfrentaba, por qué no le importaba el dinero, por qué parecí